Cuánto cuesta separarse

Cuánto cuesta separarse

Relaciones

Terapia, mudarse, gimnasio, peluquería, tatuarse, viajar. Terminar una relación tiene un alto costo emocional, pero también hay un combo que impacta fuerte en la cuenta bancaria. Algunos gastos son inevitables y otros son muy necesarios, en especial para levantarnos el ánimo. A continuación: anatomía económica de una ruptura.

23/04/2026 10:18

Nadie se separa pensando en armar un Excel, pero el Excel de todos modos llega tarde o temprano. A veces en forma de honorarios legales, si todo deriva en divorcio; otras, como depósito, comisión inmobiliaria y flete para encarar la mudanza a una nueva casa.

La ruptura tiene una dimensión sentimental y otra brutalmente contable. Incluso, es sabido que muchas parejas no toman o retardan la decisión de separarse por el impacto económico.

Duplicar muchos gastos si se trata de una familia o dejar de compartir el pago de las cuentas, el auto y el alquiler en una pareja sin hijos son cuestiones que tienen un peso importante a la hora de disolver un vínculo.

En especial, en un país como el nuestro, donde la inestabilidad es moneda corriente, la dependencia económica ata a millones de mujeres y la falta de educación financiera hace estragos en los presupuestos familiares.

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La matemática del desamor

Carolina (42) es abogada corporativa y madre de dos hijos, y resume su caso sin dramatismo: “Yo creía que lo más difícil iba a ser explicarles a los chicos. No imaginé que iba a llorar más firmando el contrato de alquiler que firmando el divorcio”. Después de 15 años en pareja, dejó la casa familiar y alquiló un tres ambientes en el mismo barrio para no alterar la rutina escolar. Entre depósito, adelanto y comisión, necesitó el equivalente a tres meses de alquiler. “Vendí dólares que pensaba guardar para un viaje a Europa. Mi primer viaje fue al Easy”.

A los gastos inmobiliarios se suman los legales. Si bien muchas parejas optan por acuerdos rápidos, los honorarios pueden variar considerablemente según el patrimonio en juego. Y aun en separaciones “civilizadas”, el asesoramiento profesional es casi inevitable.

La doctora María Ximena Illan explica que un divorcio sin bienes y sin hijos vale 40 JUS en provincia de Buenos Aires ($1.826.400) y un poco menos en CABA, entre 10-15 UMA ($873.420 y $1.310.130). Pero para quienes tengan que liquidar la sociedad conyugal, lo que se pierde es un porcentaje de los bienes a dividir, porque hay que pagar tasa de justicia, entre 2,2% y 3% según la jurisdicción, más los honorarios de los abogados, que rondan el 10%. También se puede sumar el régimen de comunicación de los hijos, un juicio por alimentos, la compensación económica y un largo etcétera, según cada caso.

Mudarse implica, además, recomprar lo cotidiano: desde una pava eléctrica hasta una cama nueva si el reparto no fue equitativo, y seguro una nueva suscripción a las plataformas de streaming. “Yo me fui con mi ropa, mis libros y la cafetera”, cuenta Laura (38, médica). “Todo lo demás quedó en la casa. Cuando hice la lista de lo que necesitaba para vivir sola, parecía que estaba armando el ajuar de una novia, pero versión divorciada”.

Separarse es caro, porque dividir duplica: donde antes había una heladera, ahora hay dos; donde había un alquiler compartido, ahora hay dos alquileres o una cuota y un alquiler. La economía del hogar, que en pareja se amortiza, en soledad se fragmenta.

Inversión emocional

“Mi psicóloga fue mi gasto fijo más estable durante el primer año”, dice Carolina, y sonríe. La terapia, para muchas mujeres profesionales de entre 35 y 45 años, no es opcional sino parte del kit de supervivencia. Una o dos sesiones semanales pueden representar una suma considerable al mes, pero funcionan como sostén para tomar decisiones. Laura coincide: “Volví a terapia el mismo día que me separé. Me dije: si voy a rehacer mi vida, al menos que sea con alguien ayudándome a entender qué estoy haciendo”.

Como en muchos rubros, los colegios de Psicólogos de todo el país fijan montos para las consultas, que quedan muy bajos en comparación con lo que cobra cada profesional, que oscila entre los $35.000 a $80.000 por sesión de terapia individual. En el caso de una terapia de pareja, el valor de mercado puede llegar incluso a pasar los $100.000.

A pesar de que los precios abruman, los profesionales no recomiendan seguir una tendencia que crece cada día más: la inteligencia artificial como alternativa a la terapia. Como indica Fabiana A. Del Col, vicedecana de la Facultad de Psicología y Ciencias Sociales de UFLO Universidad, si bien la IA ofrece accesibilidad 24/7, bajo costo y ausencia de prejuicios, la proliferación de chatbots terapéuticos que dan respuestas algorítmicas a preguntas existenciales es un fenómeno muy preocupante.

El gimnasio aparece como otro ítem casi automático. No se trata solo de estética -si bien el famoso “cuerpo posruptura” es algo cierto, en lo que muchas mujeres piensan aunque no lo pongan luego en práctica- sino de canalizar la ansiedad, ocupar tiempos, rearmar una parte de la rutina y por qué no conocer a alguien. Laura empezó funcional, yoga y boxeo, como una estrategia para cubrir varios frentes. “No sé si quería mejorar mi físico o pegarle a algo con guantes para descargar la frustración por esa relación que no funcionó”, admite.

Las cuotas mensuales, más la ropa deportiva para estar a la altura, suman. Una membresía a un gimnasio de cadena varía entre $40.000 y $90.000 por mes, según el plan, aunque hay opciones low cost que rondan los $30.000 o menos en los gimnasios de barrio. Muchos dan la opción de adelantar un año entero, algo que tiene de positivo el compromiso de ir porque ya está pago, y de negativo, que implica un desembolso, por lo general en efectivo, todo de una vez. Comprar zapatillas arranca en $70.000 y formar combos de dos o tres calzas, shorts y remeras puede llegar a ser toda una inversión, aunque a pagar en cuotas. Todo depende, por supuesto, de las marcas.

Pero pensar la terapia y el gimnasio solo como gastos, no es algo del todo real. Hay una parte del ritual de sentirse mejor que es clave durante una separación. Por supuesto que también se pueden buscar alternativas, como caminar alrededor del parque o escribir en un diario para plasmar las angustias y las dudas; todo depende de cada caso y cada persona. Como opina Carolina; en definitiva, la misión renacimiento suele ser “más barata que una larga depresión”.

La estética del nuevo comienzo

Toda separación tiene su corte de pelo. “Me hice un bob apenas firmé el acuerdo. No sé si me favorecía, pero necesitaba verme distinta”, cuenta Laura. Cambio de color, tratamientos capilares o cosméticos, ácido hialurónico y botox también entran en el cambio. La tarjeta de crédito refleja esta “actualización” personal, porque un corte puede costar entre $40.000 y $80.000, según el largo y el salón. Un balayage, por ejemplo, llega a los $350.000. Y la cuenta sube si se trata de intervenciones no invasivas o invasivas.

La industria de la belleza entiende bien este momento vital. Ofrece paquetes, promociones, promesas de glow. Y aunque el momento permita exagerar -con un flequillo impulsivo, un rubio californiano o una renovación completa del guardarropas-, detrás hay una necesidad real: reconstruir la propia imagen y declarar: “Esta soy yo, otra vez”.

En algunos casos, el gesto es más permanente. Carolina se tatuó una frase mínima en la muñeca: Respirar. Lo hizo para recordar que podía sola. El tatuaje, más que tinta, fue su declaración de independencia.

“Las separaciones son casi una temporada alta para nosotros”, cuenta Tomás B., tatuador de 38 años que trabaja en un estudio de Palermo desde hace más de una década. “No sé si es estadística científica, pero después de diciembre y de las vacaciones siempre aparece una ola de gente que viene recién separada”.

Según él, el tatuaje funciona como un ritual de cierre. “La mayoría no quiere algo enorme ni demasiado visible. Buscan símbolos de una etapa nueva, algo que marque un antes y un después”. Entre los pedidos más comunes menciona palabras cortas -resiliencia, libertad, soltar-, fechas significativas o símbolos minimalistas: estrellas, brújulas, líneas que representan caminos. “También pasa lo contrario: gente que viene a tapar un tatuaje que se hizo con la pareja”, agrega. En esos casos, los cover ups suelen ser más grandes porque hay que ocultar el diseño original.

El costo de tatuarse depende mucho del tamaño y del artista. En Buenos Aires, un tatuaje chico puede arrancar en $40.000 o $50.000. Algo mediano, como una frase o un símbolo de unos diez centímetros, suele estar entre $70.000 y $120.000. Y un cover up bien hecho puede irse fácilmente a $150.000 o más, porque lleva más tiempo y diseño.

Tomás dice que, más allá del dinero, lo que ve en el estudio es un momento emocional fuerte. “Mucha gente llega nerviosa o con historias largas. A veces te cuentan toda la separación mientras tatuás. El tatuaje termina siendo una especie de acto simbólico: duele un poco, queda para siempre y marca que algo cambió. Siempre les digo lo mismo: si se van a tatuar el nombre de la próxima pareja… esperen un año. Así la próxima nos vemos por algo más alegre”.

El lujo de redescubrirse

Al mejor estilo Comer, rezar, amar, muchas mujeres salen de viaje para ser artífices de su propia felicidad. Lejos de ser una vía de escape, viajar implica reflexionar sobre una misma en un entorno nuevo.

“Me fui a México sola a los seis meses de la separación”, cuenta Laura. El viaje fue catártico y caro. Pasaje, hotel, excursiones. Sin dividir gastos, todo pesa el doble. Viajar en pareja tiene ventajas económicas evidentes: se comparten traslados y comidas, la habitación doble cuesta casi lo mismo que la single, pero se divide. Así y todo, Laura explica que fue dinero bien gastado y lo volvería a hacer. Era la primera vez que viajaba sola y, a pesar de la opinión de amigas y familiares, fue una decisión para ponerse a prueba. Hacer esa pausa le sirvió para mirar en perspectiva su vida y volvería a repetir la experiencia.

También crecen las opciones de viajes para solos y solas, como los surf trips, las escapadas de fin de semana o las travesías de aventuras, como las que organiza la agencia Buenas Vibras, que cuenta con diferentes paquetes en la Argentina y el mundo, agrupados por edades sugeridas.

Carolina eligió algo más cercano y en grupo: una escapada a Mendoza con amigas para brindar por una nueva vida. El plan incluyó bodegas, spa y cenas largas. “Invertí en celebrar. Fue mi manera de resignificar”, concluye.

Todo vale

Separarse implica asumir un costo real, tangible. No es solo el precio de abogados o mudanzas, sino el de reinventarse. La soltería, lejos de ser una etapa “barata”, puede convertirse en un proyecto de inversión personal constante. De todos modos, hay una certeza compartida: el dinero duele menos que quedarse donde ya no se quiere estar. Y si bien el Excel posruptura asusta, también ordena. Obliga a priorizar, a negociar, a decidir. Quizá la pregunta no es cuánto cuesta separarse, sino cuánto cuesta no hacerlo. Para muchas mujeres, la libertad, incluso en cuotas, sigue siendo una de las adquisiciones más valientes.